
Sí señor, estamos hasta los cojones de Belén Esteban. De que esté todo el puto día en TV y, cuando no está, se hable de ella.
De que sea ejemplo de madre coraje, cuando nunca un polvo ha sido tan rentable ni follar con un torero ha dado tanto de sí. Esta tía no tiene ni puta idea de lo que es la abnegación, la lucha y el sufrimiento para sacar un hij@ adelante.
De que sea la princesa del pueblo. Las princesas no existen si no en los cuentos, y en las Monarquías. Ya mantenemos una y, si quisiéramos otra, ¡coño!, que sea mas de ensueño, y no este coco grosero.
De que una cadena nacional de TV esté a su servicio, cuando podía y debía estar al lado de otras causas más nobles, justas y solidarias.
Hasta los cojones de hacer de los gritos una forma de expresión, de la grosería un canon y de la incultura un ejemplo. De que ir de hiper’s firmando sartenes sea un acontecimiento destacable.
En efecto, estamos hasta los cojones de Belén Esteban.
Y la nariz nueva le está durando lo que a mí la batería del móvil: 4 rayitas.