Los sabios hablan porque tiene algo que decir, los estúpidos lo hacen porque tienen que decir algo. A estos últimos pertenece la periodista, si es que lo es, Mariló Montero.
Al despedir su programa televisivo suelta un discurso trascendente en relación a las dudas morales que mantiene sobre los transplantes de órganos cuando el donante es un asesino. Llega a decir que puede que el alma de una persona se transplante junto con sus órganos.
El alma no se transmite por el riñón, pero la estupidez por televisión sí.