Una mujer de 71 años, con la ropa absolutamente ensangrentada, se entregó en la Comisaría de Policía de Longwy -Francia-. La anciana, madre de diez hijos, había matado a su octogenario marido.
Presa de un ataque de locura transitoria o acuciada por el hambre, la septuagenaria descuartizó a su marido y se hizo un guiso con su pene, nariz y corazón. Otra víctima de los recortes.