La corrupción está presente en todas las instituciones del Estado, donde esté un político habrá corrupción. Lejos de ser los representantes del pueblo pagados por este para que le sirvan y velen por sus intereses administrando lo público de forma cabal y transparente en beneficio de todos, los políticos se han constituído en una casta privilegiada y corrupta, títeres del poder económico en la sombra, cuyo servilismo es recompensado permitiéndoles robar indecentemente.
Cuentan con la complicidad de algunos ciudadanos, el miedo, la impotencia y la indiferencia de muchos y la contestación de los menos. El resultado es el empobrecimiento cultural y económico de la gran mayoría a nivel individual y, como grupo, la expropiación de nuestro patrimonio público de bienes y servicios, así como la reducción a papel mojado de los derechos ciudadanos recogidos en las leyes.
Albano Dante Fachin escribe en su blog una carta a un político corrupto.