El cardenal Antonio Cañizares ingresa como miembro de honor en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Andalucia Oriental. Esto es como si Belén Esteban ingresara en la Real Academia de la Lengua Española.
Qué hace un individuo como él en un sitio como ése, si proclama que el aborto es peor que los abusos a menores; si está en contra del uso del preservativo y de la investigación con células madre y embriones; si en el discurso de ingreso en la Academia dice que «Vivimos formas de agresión por la ciencia y la tecnología».
Lo más opuesto a la ciencia es la religión. Sin embargo se invita a formar parte de una institución científica a un teólogo sin méritos ni conocimientos de medicina por su «defensa de la vida» y su afición a los actos por San Lucas, el patrón de Medicina. Hay científicos que tienen menos luces que una patera.
Frente al pensamiento único, excluyente, irracional y dogmático del cardenal Cañizares, se encuentra la lección de sensatez y dignidad dada por Guillermo Olagüe, catedrático de Historia de la Ciencia y Numerario de la Academia de Medicina, que renunció a su sillón “por la carencia de méritos científicos y médicos de Cañizares, y la desvirtuación de lo que debe ser la Academia, un foro de científicos y médicos que tratan y discuten asuntos relacionados con la ciencia y no con las creencias”.
España involuciona a una velocidad que da pavor.