Cuando un amigo se va

Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos (Carlos Fuentes).

Cuando se mostró ya era tarde. Un puto cáncer se ha llevado a una persona excepcional, a un gran hombre, dejando a familiares y amigos sumidos en la impotencia, incredulidad, rabia y dolor.

La naturaleza no siempre es sabia, y no existe razón divina ni humana que justifique el sinsentido de que un hombre bondadoso, un padre, marido y amigo ejemplar, sufra semejante castigo habiendo  tantos otros que se merecen  morir sufriendo. No es justo.

Conocer a una persona tan grande, significaba quedar atrapado en su fuerza gravitatoria y, necesariamente, quererla. Nunca le dije que le quería, tampoco lo orgulloso y afortunado que me sentía de formar parte de su vida. Ya no puedo, espero que al menos lo intuyera. Tampoco puedo ya pedirle perdón por mi negligencia, por no haberle correspondido como se merecía, por mi estupidez. Lo siento.

Un hombre extraordinario, ha tenido, tiene, la mujer que se merecía: una mujer extraordinaria. Un abrazo para ella con todo  sentimiento y cariño, además de mi mano por si la necesita.

Sólo espero estar equivocado y que tengan razón los que creen que hay vida más allá de la muerte, porque si alguien  se merece vivir eternamente, ese eres tú, Guillermo.

La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo (Isabel Allende).

Cuando un amigo se va; Alberto Cortez