España arde

De momento, 4 muertos; 400.000 Hectáreas calcinadas; ciudadanos arruinados o desalojados de sus casas o confinados en ellas; incalculables pérdidas materiales, económicas y ambientales. Estas son las consecuencias de la mayor ola de incendios que está asolando España. Y ello, como la no muy lejana DANA en Valencia, consecuencia del cambio climático acelerado negado por muchos, incluso destacados líderes patrios con poder y responsabilidad política. Estos negacionistas desprecian tomar las medidas necesarias en prevención de incendios y disminuyen la inversión en medios materiales y humanos para su extinción.

España arde, España se quema, España se desertiza. Por el cambio climático, sí. Pero también y en gran medida por la incompetencia e irresponsabilidad de la clase política. Dejar la gestión de catástrofes en manos de estos individuos, en vez de las de profesionales, causa desastres. Se enfrascan en una guerra política ante la desgracia, eluden responsabilidades y no toman las medidas necesarias e imprescindibles en prevención de incendios y tampoco invierten lo necesario en medios materiales y humanos para su extinción.
¿Cuánto gana un bombero? Seguramente la mitad o la tercera parte que la de cualquier politicucho municipal, autonómico o estatal. Los primeros salvan vidas jugándose las suyas. Los otros, impunemente, las ponen en peligro.

¿Por qué la ola de incendios que está arrasando España?

España es uno de los países europeos más afectados por los incendios forestales debido a su clima mediterráneo, cada vez más caluroso y seco. En los últimos años, las olas de calor extremas, la sequía prolongada, el abandono rural y la acumulación de combustible vegetal han creado un escenario propicio para que pequeños focos de fuego se conviertan rápidamente en grandes incendios.

Causas de los incendios

-Sequías intensas y prolongadas.
-Olas de calor con temperaturas récord.
-Vientos fuertes que avivan las llamas.
-Tormentas secas con rayos.
-Humanas (las más frecuentes, alrededor del 80-90%)
-Quemas agrícolas mal controladas.
-Colillas o basuras abandonadas en el monte.
-Negligencias en barbacoas o maquinaria.
-Intereses económicos (recalificación de terrenos, seguros, pastoreo).
-Incendios provocados intencionalmente.

Propagación del fuego

-Combustible disponible: acumulación de matorrales, pinos secos y maleza.
-Condiciones meteorológicas: calor, viento, baja humedad.
-Orografía: las pendientes hacen que las llamas suban más rápido.
-Efecto mosaico: la fragmentación del paisaje agrícola y forestal facilita la continuidad del fuego.

Consecuencias de los incendios

Materiales:
Destrucción de viviendas, infraestructuras y explotaciones agrícolas.
Pérdida de madera y recursos forestales.

Ambientales:
Pérdida de biodiversidad y hábitats.
Desertificación y erosión del suelo.
Contaminación del aire por humo y CO₂.
Alteración del ciclo del agua y mayor riesgo de inundaciones posteriores.

Económicas:
Millones de euros en gastos de extinción y daños.
Pérdida de turismo en zonas afectadas.
Reducción de la producción agrícola y ganadera.

Prevención de incendios

Los poderes públicos deben:
Reforzar brigadas forestales y bomberos.
Planes de limpieza y gestión forestal (eliminar exceso de matorral).
Zonas cortafuegos y vigilancia aérea.
Mayor persecución y sanción a los incendiarios.
Educación ambiental y campañas de concienciación.

Por su parte, es responsabilidad de los ciudadanos no tirar colillas ni basuras en el monte. Evitar barbacoas y quemas en verano. Mantener limpias las parcelas privadas cercanas a zonas forestales. Y avisar de inmediato al 112 ante cualquier humo sospechoso.

Agricultura, ganadería e incendios

El abandono del campo provoca acumulación de vegetación seca que sirve de combustible. Una gestión agrícola activa (cultivos de mosaico, uso de pastos, olivares, viñedos) puede actuar como barrera natural contra el fuego. También, la agricultura regenerativa favorece suelos más húmedos y resistentes al fuego.
La Ganadería extensiva y el pastoreo ayudan a limpiar el monte, reduciendo matorrales y biomasa que alimentan las llamas. Es una herramienta preventiva muy valiosa. Burros, caballos, cabras y ovejas son excelentes «bomberos». Por el contrario, la ganadería intensiva con los rebaños estabulados y encerrados en macrogranjas, al abandonar el campo , favorece la propagación e intensidad de los incendios.

Comunidades Autónomas e incendios

Las Comunidades Autónomas tienen la responsabilidad directa en materia de incendios forestales, según el artículo 148.1.8 de la Constitución Española y sus Estatutos de Autonomía. Sus competencias incluyen:

Prevención
-Planes de gestión forestal y ordenación de montes. Limpieza de montes, clareos y eliminación de biomasa seca.
-Regulación de quemas agrícolas y uso del fuego en época de riesgo. Uso de quemas prescritas controladas en invierno/primavera para reducir matorral.
-Creación y mantenimiento de cortafuegos, fajas auxiliares y áreas de seguridad. Creación de mosaicos agroforestales (alternar bosques, cultivos y pastos) para frenar la continuidad del combustible.
-Regulación urbanística en la interfaz urbano-forestal.
-Programas de educación ambiental y campañas de sensibilización.
-Regulación de aprovechamientos forestales (leñas, pastos, caza) para reducir biomasa.
-Potenciar la ganadería extensiva (ovejas, cabras, vacas) como “desbrozadoras naturales”.
-Inversión en torres de vigilancia, cámaras térmicas, drones y satélites.

Extinción
-Organización y dirección de los dispositivos autonómicos de extinción (brigadas forestales, bomberos, retenes, medios aéreos).
-Coordinación de los operativos de emergencias dentro de su territorio.
-Activación de planes especiales de protección civil (INFOCA, INFOCAM, INFOCAT, etc., según comunidad).
-Contratación y dotación de recursos materiales y humanos.

Restauración post-incendio
-Evaluación de daños y actuaciones de restauración ambiental.
-Regulación de usos posteriores en zonas quemadas (prohibición de recalificación durante 30 años, según la Ley de Montes 43/2003).
-Planificación de reforestación y medidas de lucha contra la erosión.

Ordenación del territorio
-Regulación estricta de construcciones en la interfaz urbano-forestal (urbanizaciones pegadas al monte).
-Obligar a mantener franjas de seguridad limpias alrededor de viviendas y carreteras.
-Evitar recalificación y especulación en suelos quemados.

Las competencias de las Comunidades son claras y la responsabilidad de los Presidentes Autonómicos de llevarlas a cabo también. Sin embargo, unos porque niegan el problema y la solución, y otros porque priorizan medidas efectistas y visibles en su legislatura a corto plazo, no tomas las medidas necesarias. La gestión forestal preventiva es cara, requiere una inversión sostenida y no da “réditos inmediatos”.
Se tiende a destinar más dinero a la extinción (visible políticamente) que a la prevención (invisible si funciona). La prevención exige continuidad y resultados a largo plazo, difíciles de “vender” electoralmente.

Si a que una labor preventiva es poco atractiva electoralmente, le añadimos la corrupción, los intereses urbanísticos e inmobiliarios y el consiguiente conflicto entre conservación y explotación económica del monte, tenemos como resultado que España arde, la ruina y muerte de ciudadanos y un desastre ambiental y ecológico de gran magnitud.

El Estado

El Gobierno central no gestiona directamente la extinción salvo en montes de titularidad estatal, pero sí:
-Coordina a través de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias y el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO).
-Dispone de medios de apoyo: brigadas de refuerzo (BRIF), aviones anfibios del 43 Grupo del Ejército del Aire, UME (Unidad Militar de Emergencias).
-Financia programas de prevención y restauración a través de fondos europeos y nacionales.
-Elabora normativa marco como la Ley de Montes y la Estrategia Nacional de Gestión Forestal Sostenible.

Ayuntamientos

Los municipios deben elaborar planes locales de emergencias, mantener limpias las áreas periurbanas y colaborar en la prevención. Tienen capacidad de sanción en quemas y usos indebidos del monte. Son claves en la concienciación ciudadana y en la primera respuesta ante el fuego.