Ayer por la tarde se consumó el despropósito y el Pleno de El Congreso de los Diputados, después de su visto bueno en el Senado, se aprobó la disposición final de la Ley de Economía Sostenible, popularmente conocida como Ley Sinde, por 323 votos a favor (PSOE, PP y CiU), 19 en contra ( PNV, ERC, BNG, ICV, UPyD y CC), y una abstención.

No contentos con el «canon» que presupone al ciudadano un delincuente, ahora resulta aleccionador comprobar como nuestros políticos, obedeciendo órdenes de arriba y despreciando a quién les paga, legislan contra toda lógica y ordenamiento democrático en favor de una industria desfasada interesada en mantener un modelo de negocio arcaico que les reporta pingües beneficios. (En este sentido, aconsejo leer tras el salto, las reflexiones de Cristina Macía en el blog Crisei).
Ahora que se atengan a las consecuencias: recursos a la Ley, protestas, manifestaciones y un movimiento que ha surgido con fuerza en Twitter con la etiqueta #nolosvotes que no propugna la abstención ni el voto en blanco, pero sí no votar a los partidos que han apoyado esta Ley.

Sus Señorias, que de pirateria y latrocinio algo saben, acudieron mansamente a la hora fijada, como buenos vasallos, a votar su Ley. Sin embargo Señorias, su jornada de trabajo es más extensa, pero a las 4 de la tarde el aspecto del Congreso era desolador, la gran mayoria de los Sres. Diputados habían desertado, no habían acudido a su puesto de trabajo a cumplir con su obligación, lo que a esas horas se debatía les importaba un carajo, no había consignas superiores que obedecer. Cobrar por no cumplir, en ningún sentido, esa es su función.

A continuación, como anunciaba antes, unas muy interesantes reflexiones.
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