
A estas alturas de la Historia, los nacionalismos suenan a rancio, trasnochado y reaccionario; y es que lo son y nunca han traído nada bueno. Los periféricos y los centrales.
De la consulta que se propone sobre la independencia de Cataluña este fin de semana, llama la atención cómo se utiliza la exaltación patriótica española como único argumento para combatir las ansias nacionalistas de Cataluña. Se quiere crear un problema dónde no lo hay. Plantear un asunto tan serio y complejo como la independencia catalana, o de cualquier otro territorio, de la forma que se está haciendo es lamentable.

Utilizan las ciertas pretensiones de un sector de la sociedad catalana para tapar y desviar la atención del verdadero problema que tienen los políticos nacionalistas catalanes y los nacionalistas españoles: la corrupción. Son unos y otros una banda de ladrones cuya única patria es el lugar en el que guardan el dinero robado a los ciudadanos.
Y decirle al Gobierno, a los españolistas y patriotas acérrimos, que el referéndum, o pseudoreferéndum, que plantea Mas puede ser ilegal o alegal, pero nunca antidemocrático.
Sobre la consulta soberanista en Cataluña, poco más que añadir a lo que dicen en esta chirigota.