
La justicia en EE.UU es la gallina de los huevos de oro para los abogados. En los tribunales se dirimen todo tipo de conflictos por increíbles y absurdos que parezcan algunos de ellos. Tan es así que se crearon unos curiosos premios, los Stella Adwords, que laurean este tipo de demandas judiciales.
Y lo más curioso es que muchas de esas demandas, por disparatadas e indefendibles que parezcan, no sólo no son desestimadas, sino que resultan avaladas por sentencias favorables.
Como ejemplo, el motivo por el cual los premios Stella llevan ese nombre. En 1992, Stella Liebeck, de 79 años, compró para llevar en un McDonalds un café que le fue servido, como es habitual, en un vaso de cartón con tapa de plástico. La mujer sufrió quemaduras de tercer grado al derramársele el café que había colocado entre sus piernas mientras viajaba en coche, tras haber quitado la tapa para echarse el azucar. Demandó a la compañía. El abogado de Stella elaboró un informe en el que acusaba a McDonalds de ser «enormemente negligentes» a la hora de preparar un producto que era «inaceptablemente peligroso» y «elaborado defectuosamente». Un jurado popular, en vez de calificar de estúpida a la buena señora por su falta de cuidado, determinó que McDonalds era responsable en un 80% del incidente y que Stella tenía el 20% de la culpa. Se la compensó con una indemnización de 640.000$. Desde entonces, estos recipientes de café en EE.UU llevan un cartel que avisa a la gente: «¡Cuidado!, dentro hay una bebida caliente y puede quemarse».
Por motivos similares hay carritos para bebés que en sus instrucciones avisan de que antes de colocar el niño en ellos han de abrirse. Planchas que advierten de que antes de planchar la ropa hay que quitársela. Lavadoras que aconsejan no introducir personas en su interior. Ipods que indican que no son comestibles. Jabón para lavadora que explicita no ser válido para la higiene personal, etc.
A continuación, algunos casos curiosos e increíbles de demandas judiciales:
-Una mujer denunció con éxito al propietario de un Club nocturno de la ciudad, porque se cayó desde la ventana del baño de mujeres al suelo y se rompió los dientes cuando intentaba escaparse por dicha ventana para no pagar una cuenta de 3,50$. El propietario tuvo que pagarle 2.000 dólares y los gastos dentales.
-Christopher Roller demandó a los magos David Copperfield y David Blaine. Les pidió el 10% de sus ingresos ya que los trucos de ambos sólo pueden realizarse con poderes divinos, y considerando que él es Dios y nadie le pidió permiso para emplear sus poderes, se hacía justa una compensación.
-Merv Grazinski se compró en Noviembre del 2000 una autocaravana. En su primer viaje, circulando por una autovía seleccionó una velocidad de crucero a 70 millas por hora (unos 120 km/h), abandonó el puesto de conductor y se fue a la parte de atrás a prepararse un café. A nadie le extraña que el vehículo se saliera de la carretera y colisionara, menos a él mismo y al juez que le dio la razón. Mr.Grazinski denunció a Winnebago por no advertirle en el manual de uso de que efectivamente no se podía hacer eso. Por ello, fue recompensado con 1,750,000 dólares además una caravana nueva. Actualmente, Winnebago advierte de tal circunstancia en sus manuales.

-Marcy Noriega. Esta oficial de policía llevaba en la parte trasera de su coche patrulla a un sospechoso de provocar una pequeña pelea. Cuando este, que estaba esposado, empezó a dar patadas a las ventanas del coche, Noriega decidió tranquilizarlo con su Taser, una pistola que lanza una pequeña descarga eléctrica para «calmar» a una persona. Sin embargo, por equivocación, en vez de sacar la Taser sacó su pistola reglamentaria y disparó al hombre en el pecho, matándole al instante. No obstante, el tribunal que la juzgó dijo que la muerte no fue culpa de la policía, puesto que “cualquier policía razonable” podía “coger y disparar por equivocación un arma de fuego en vez de una Taser”, y lo que hizo fue demandar a la empresa Taser, exigiendo que sea ella la que pague cualquier reclamación que presente la familia del fallecido.

-En Estados Unidos existe el programa Meals on Wheels que, con el apoyo de voluntarios, reparte comidas preparadas en diversos hogares de adultos mayores. Un repartidor resbaló con los restos de nieve de un hogar, resultando herido. La compañía aseguradora Sentry Insurance Company cubrió los daños sufridos por el repartidor, pero demandó y llevó a tribunales a la anciana de 81 años, dueña de la casa en donde resbaló el voluntario.
-Allen Ray Heckard, demandó a Michael Jordan y a Nike que le patrocinaba por daños a su imagen, daños punitivos y sufrimiento emocional, que se le producen al ser constantemente confundido y acosado por su parecido físico con el astro del baloncesto, a pesar de ser más gordo, más bajo y máyor que él. Pedía 364 millones de dólares. No consiguió nada.
-El Juez Roy L. Pearson (ya destituido) reclamó 67 millones de dólares a los dueños de una tintorería en Washington por haber extraviado sus pantalones favoritos la víspera de su primer día de trabajo. Sobre unos inmigrantes coreanos pendió una demanda de daños y perjuicios por valor de 67 millones de dólares. El motivo: haber perdido los pantalones de un cliente. La historia empezó en 2005, cuando el juez Pearson, en vísperas de su primera jornada de trabajo como juez administrativo, decidió llevar sus pantalones favoritos a la tintorería de los Chung para que los ensancharan por la cintura. Cuando fue a recoger la prenda, ésta no apareció. Y ahí comenzó una pesadilla de terror para los tintoreros, un suplicio que les está costando una fortuna en abogados y noches de insomnio, hasta el punto de querer regresar a Seúl. Al principio Pearson pidió 1.150 dólares por los pantalones y la chaqueta a juego, aunque ésta no se extravió. Luego le pareció poco y puso en marcha un despiadado proceso legal. Los Chung le ofrecieron compensarle con 3.000 dólares. Más tarde subieron la oferta a 4.600 y finalmente a 12.000. Pearson siempre dijo no. El insaciable juez estudió las leyes vigentes y descubrió que el cartel con la frase “Satisfacción garantizada” que colgaba en la tintorería podía proporcionarle una fortuna. Según las leyes de la capital, interpretadas en su extremo, un cliente que se siente insatisfecho podía reclamar hasta 1,500 dólares al día.
-Un joven de Massachussets roba un automóvil de un estacionamiento y no tarda en estrellarse y morir. Al tiempo, su familia entabla un pleito contra el propietario del estacionamiento por no haber tomado las medidas necesarias para impedir el robo.
-Un tribunal de Miami obligó a una empresa a pagar cuarenta mil dólares a una mujer en concepto de indemnización por el miedo que le provocaba trabajar con empleados negros en la misma oficina.

-Un tribunal de Miami obligó a una empresa a pagar cuarenta mil dólares a una mujer en concepto de indemnización por el miedo que le provocaba trabajar con empleados negros en la misma oficina.
-Un ciudadano de Orlando demandó a su peluquero por un corte de pelo que, según dijo, era tan malo que le provocó un ataque de pánico. Durante el juicio, el demandante alegó que el negligente peluquero le había despojado de su “derecho a disfrutar de la vida”.
-Una vidente que dirigía sesiones de espiritismo y cuyos poderes desaparecieron, en su opinión, a causa de realizarse una TAC (tomografía axial computarizada), demandó a su médico por haberla despojado de la habilidad con la que, hasta entonces, se ganaba la vida. Lo curioso es que los miembros del jurado tardaron menos de tres cuartos de hora en decidir indemnizarla con novecientos ochenta y seis mil dólares.
Ante semejantes despropósitos, no resulta inverosímil el siguiente diálogo producido en un juicio entre un abogado y un testigo:
– Doctor, ¿cuántas autopsias ha realizado usted sobre personas fallecidas?
– Todas mis autopsias las realicé sobre personas fallecidas.
– ¿Recuerda usted la hora a la que examinó el cadáver?
– La autopsia comenzó alrededor de la 8:30 p.m.
– ¿El Sr. Pérez Tomilla estaba muerto en ese momento?
– No, estaba sentado en la mesa preguntándome por que estaba yo haciéndole la autopsia
– Doctor. ¿Antes de realizar la autopsia, verificó si había pulso?
– No.
– ¿Verificó la presión sanguínea?
– No
– ¿Verificó si había respiración?
– No
– Entonces, ¿es posible que el paciente estuviera vivo cuando usted comenzó la autopsia?
– No
– ¿Cómo puede usted estar tan seguro, Doctor?
– Porque su cerebro estaba sobre mi mesa, en un tarro.
– ¿Pero podría, no obstante, haber estado vivo el paciente?
– Es posible que hubiera estado vivo y ejerciendo de abogado en alguna parte.
Por motivos bien distintos, en España la justicia también es un cachondeo. Pero eso es otra historia.