El vídeo electoral prohibido del PACMA por aparecer el Rey cazando elefantes

Para la campaña electoral de las próximas elecciones europeas, y a instancias de la cadena televisiva autonómica de Madrid, Telemadrid, la Junta Electoral de Madrid ha prohibido la emisión del vídeo electoral del partido animalista PACMA, por aparecer durante un segundo la foto del Rey con un elefante abatido durante la cacería de Botswana.

«En ningún caso será admisible» que la imagen del monarca sufra la «apropiación o manipulación por las concretas entidades políticas en sus programas y publicidad electoral», dice la Junta.

La insólita censura, y probablemente contraria a la Ley Eletoral -ésta sólo prohibe expresamente usar la imagen de don Juan Carlos en las papeletas electorales-, sufrida por el PACMA en Madrid, se está extendiendo al resto de las televisiones nacionales y autonómicas, las cuales, ninguna antes, habían puesto obstáculos a su emisión.

Manifestación de elefantes antimonárquicos

Ayer, en Valladolid, lugar en el que se celebraba el Día de las Fuerzas Armadas con la presencia del Bo(r)bón, un numeroso grupo de elefantes antimonárquicos se manisfestaron por las calles de dicha ciudad.

He montado en elefantes, nunca he disparado contra ellos

Resulta que el embajador norteamericano del estado de Florida, Rick Scott, está en España para fomentar las relaciones comerciales entre ambos estados, por lo que ha sido recibido en audencia por el Rey en La Zarzuela.

El Borbón le recibe haciendo un comentario sobre su lesión de cadera a lo que el embajador responde jocosamente: «he montado en elefantes pero no he disparado nunca contra ellos». Seguidamente, con la cara de bobo que le caracteriza y una sonrisa de circunstancias, el Rey se limita a estrecharle la mano, en vez de pegarle un tiro o presentarle a su nieto Froilán, que era lo que le pedía el cuerpo en ese momento.

Así caza elefantes el Rey

Vaya por delante que el mea culpa del Rey al salir del hospital tras ser dado de alta, si bien es cierto que no tiene precedentes, no vale, carece de credibilidad su arrepentimiento. «Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir», ha declarado el monarca. Dudo de su veracidad, dudo que sienta lo que dice. Las circunstancias le han obligado a ello: además del escándalo y la indignación que ha provocado su cacería de elefantes, por el hecho en sí y por la inoportunidad del momento, hay que añadir el accidente con una escopeta de su nieto y el caso Urdangarín, un asunto de corrupción que salpica a la Familia Real y al Rey mismo, como supimos ayer por la prensa.

Lo único que puede resultar ser cierto es que «no volverá a ocurrir». Seguramente, pero porque ya no tiene ni la edad ni la condición física necesarias para seguir practicando la caza mayor que tantas veces ha practicado, que no ha sido esta la primera vez.

Está bien que se disculpe majestad, pero no es suficiente. Si le queda dignidad, si de verdad quiere tener un gesto con este pueblo que le ha permitido vivir como un Rey cuando no tenía donde caerse muerto; si de verdad tiene algo de gratitud con este pueblo que le ha consentido todo sin rechistar ni preguntar, abdique majestad.

Estoy seguro que muchos, entre los que me incluyo, no le van a perdonar. Su safari en Botsuana ha sido la gota que ha colmado el vaso. La foto suya posando ufano junto a un elefante abatido a tiros por usted y sus amigos ha provocado indignación y rabia más que justificadas. Y eso que la mayoría sólo ha visto la foto, cuando vean el vídeo siguiente con las imágenes de cómo se caza un elefante, protagonizado por el tipejo que aparece a su lado en dicha instantánea, la indignación y la rabia serán mayores. Y no es para menos.

Hay que ser cobarde, asesino y cabrón para matar por diversión a un animal como el elefante, tan grande como noble y pacífico.

Después de semejante hazaña, se siente usted, majestad, más hombre, tal vez más poderoso, o quizá, simplemente, más importante. Orgulloso, seguro. Lo que no se imagina es el asco y el rechazo que nos provoca a muchos. De verdad le digo majestad que, de su última aventura en la selva, no siento que se haya roto la cadera, sino que no le cayera encima la mole de 7000 toneladas que su graciosa majestad mató por puro placer.

Se creerá un valiente con su rifle, pero al fin y al cabo es un Borbón, y en este país sabemos que si algo caracteriza a los Borbones no es precisamente el valor, huyen como ratas en cuanto las cosas se les ponen feas. Pués bien, las cosas ahora se están poniendo feas, muy feas.

Majestad, abdique

El Rey ha perdido toda legitimidad, si es que alguna vez la tuvo. Ni él, ni su Familia, ni su casa, ni la Institución son ni ejemplares ni modélicas.

Monarquía y modernidad son antónimos, jamás pueden ir juntas en la misma frase, menos aún si el monarca ha perdido el norte y se comporta como un vulgar reyezuelo de monarquía bananera.

Siempre se ha dicho que España no era monárquica, sino Juancarlista. Ahora ni eso. El Rey ha perdido la simpatía que muchos, no sé por qué, sentían por él. Ya no es ese simpático bonachón y campechano que siempre nos han querido vender. Al fin y al cabo es un Borbón, y siempre han sido un lastre.

Su comportamiento salvaje, insensible, torpe e inoportuno, constituye una provocación y demuestra un desprecio absoluto hacía los españoles. Y ya estamos hartos. Es hora de que la dinastía pase definitivamente a la historia y se quede ahí.

Majestad, abdique. No nos representa, no le queremos, no le necesitamos, no le respetamos ni, mucho menos, le admiramos, todo lo contrario. Se lo ha ganado a pulso.

Los españoles tenemos muchos defectos, pero somos generosos; la Transición es buen ejemplo de ello. Abdique, y sabremos serlo de nuevo. Mejor que su retrato cuelgue en el despacho del Presidente de la III República, que su cabeza en una plaza pública.

Abdique Majestad, porque si no, más temprano que tarde, el pueblo también se va a aficionar a los safaris y va a ir de caza… a la Zarzuela.