Otra bien distinta hubiera sido la historia de nuestro país de no haber expulsado a los franceses hace dos siglos. Hoy, tan catetos e incultos como entonces, celebramos con estúpido orgullo la hazaña que recolocó a los Borbones otra vez en el trono -cuánto daño nos ha causado y nos sigue causando esta dinastía-.
Siempre poseídos por un absurdo patriotismo y ufanos de nuestra ignorancia, históricamente, cada vez que damos un paso al frente inmediatamente damos varios hacía atrás. De lo que pudiera haber supuesto la modernización de España bajo influencia francesa, al absolutismo de Fernando VII. De la vanguardia y explendor de la II República, al oscurantismo de la Dictadura. De la Democracia y el Estado Social y de Derecho surgido de la Transición, a Rajoy.
Somos un país de ratones que vota a gatos. Hoy, como en el XIX, quiero estar bajo influencia francesa; quiero a François Hollande, recién investido Presidente de la República de Francia, como presidente de la III República española.
Hollande ha ganado las elecciones con un programa que suscribo para España punto por punto, radicalmente contrario al que defendía su contrincante Sarkozy, al que obliga Merkel y al que ejecuta Rajoy. Y está dispuesto a cumplirlo. En el primer consejo de ministros, en cumplimiento de una de sus promesas electorales, se ha acordado la rebaja en un 30% del sueldo del presidente y de todos los miembros del Gobierno.
Así, el sueldo mensual del presidente y del primer ministro pasará de 21.300€ a 14.910€. El de los ministros pasará de 14.200 a 9.940 euros. Asimismo, se ha firmado un código deontológico dirigido a evitar el conflicto de intereses entre los miembros del nuevo Ejecutivo que incluye la renuncia a puestos ejecutivos locales que tuvieran antes de ascender al cargo, el rechazo de invitaciones privadas y regalos cuyo valor sea superior a los 150 euros, o la elección del tren como medio prioritario en viajes inferiores a tres horas.
Ejemplaridad y transparencia exige a los miembros del Gobierno así como sobriedad en su comportamiento y una estricta separación entre los gastos públicos y los privados.
El socialista François Hollande es el nuevo Presidente de la República de Francia al haber ganado las elecciones a Sarkozy. El nuevo presidente se desmarca de la política dictada por Merkel y el reciente perdedor con el siguiente programa, envidiable:
1. Subida de impuestos para los millonarios: el tipo máximo del IRPF será del 75% para las rentas por encima del millón de euros al año.
2. Rebajar la edad de jubilación desde los 62 a los 60 años (para los trabajadores con 41,5 años cotizados).
3. Subir el salario mínimo por encima de la inflación. Ahora es de 1.200 euros al mes.
4. Derogar la subida del IVA que preparaba Sarkozy.
5. Que las rentas del capital paguen lo mismo que las rentas del trabajo.
6. Legalizar el derecho al matrimonio y la adopción de los homosexuales.
7. Que las empresas que se lleven sus fábricas fuera de Francia tengan que devolver las ayudas públicas recibidas.
8. Pedir a la UE una reforma de los estatutos del BCE para que el crecimiento y el empleo sean también un mandato prioritario en la política monetaria y que el banco central pueda prestar directamente a los estados. Poner en marcha los eurobonos. Apoyar la creación de una tasa a las transacciones financieras.
9. Crear un banco público de inversión para el desarrollo de las pequeñas empresas.
10. Reducir la producción de electricidad a través de energía nuclear del 75% al 50% para el año 2025, cerrando las centrales más anticuadas, y potenciar las energías renovables.
11. Cambiar la ley Hadopi contra las descargas en Internet. Buscar un modelo que concilie los derechos de los creadores y el acceso a Internet fácil y seguro.
12. Reformar la Constitución para incluir en ella los principios de laicidad y la separación entre Iglesia y Estado.
13. Rebajar un 30% el sueldo al presidente de la República y a sus ministros.
14. Que los responsables de la televisión y la radio públicas dependan de una autoridad independiente del Gobierno.
15. Subir el sueldo a los médicos de la sanidad pública.
16. Construir 2,5 millones de viviendas de protección oficial para estudiantes y rentas bajas durante los próximos cinco años.
17. Rebajar los sueldos de los directivos de las empresas públicas.
18. Limitar la acumulación de cargos públicos.
19. Derecho a voto en las municipales para los extranjeros que vivan en Francia desde hace más de cinco años.
20. Contratar a 60.000 nuevos profesores.
21. Regular la eutanasia.
22. Subida del 15% en el impuesto a la banca.
23. Prohibir las stock-options, excepto para empresas recién nacidas.
24 Prohibir a los bancos tener sucursales en paraísos fiscales.
25. Obligar a que la banca de inversión –la especulativa– y la de ahorro –la de las libretas y créditos– estén separadas.
26. Multas para los partidos políticos que no respeten la paridad entre mujeres y hombres.
27. Los políticos condenados por corrupción quedarán inhabilitados por diez años.
28. Aumentar las ayudas para las familias con hijos en edad escolar.
29. Subir el impuesto de sucesión y el de patrimonio.
Líjares un pequeño pueblo almeriense en la Sierra de los Filabres junto al río Almanzora. Esta desconocida localidad andaluza guarda una historia digna de haber sido filmada por Berlanga y/o contada por Gila: el 14 de octubre de 1883 el Ayuntamiento de Líjar, con dos cojones, declara la guerra a Francia. El motivo, que el rey Alfonso XII fue abucheado e insultado en una visita a París que realizó inmediatamente después de haber sido recibido con honores en tierras de Alemania y vestir en Estrasburgo el uniforme prusiano, ciudad arrebatada a los franceses por los alemanes.
Valientes y orgullosos los lijareños, ofendidos por la actitud de los parisinos para con su rey, declararon la guerra a Francia sin importarles la desigualdad de medios y efectivos entre los contendientes. Así, durante 100 años, se mantuvo una guerra en la que no hubo luchas, ni disparos, ni heridos, ni muertos, sólo agravios dialécticos.
En 1983, centenario de la declaración de guerra, y en vista de que Juan Carlos I dos años antes, en visita a Francia, fue recibido con honores y sin insultos, los de Líjar decidieron firmar la paz y festejarlo.
Líjar: Acta de la declaración de guerra a Francia
Sesión Ordinaria de 14 de octubre de 1883
Srs. Del Ayuntamiento Miguel García Saez. Juan Martínez. Daniel Molina. Nazario Saez. Juan Diaz. Raimundo Lopez. Francisco Martínez. Antonio Martínez. Andrés Martínez. Francisco García. En la villa de Líjar a catorce de octubre de mil ochocientos ochenta y tres, reunidos los Srs. Del Ayuntamiento que al final suscriben, en Sala Capitular y Sesión Ordinaria bajo la presencia del Sr. Alcalde D. Miguel García Saez.
Abierta la sesión se dio lectura de la acta de la anterior y se aprobó por unanimidad.
Se dio cuenta de cuantas ordenes se han recibido en la semana y se acordó su cumplimiento por quien corresponda.
Por el Presidente se hizo saber al Ayuntamiento, que al pasar por la Ciudad de París, el Rey D. Alfonso de regreso de su viaje el día veinte y nueve de septiembre último, fue insultado, apedreado y cobardemente ofendido por turbas miserables, pertenecientes a la Nación Francesa.
Fuente: Wikipedia
Que el más insignificante Pueblo de la Sierra de los Filabres, debe de protestar en contra de semejante atentado, y hacer presente, recordar y publicar, que solamente una mujer vieja y achacosa, pero hija de España, degolló por si sola treinta franceses que se albergaron, cuando la invasión del año ocho en su casa. Que este ejemplo solo, es muy bastante para que sepan los habitantes del Territorio Frances, que el pueblo de Líjar, que se compone únicamente de trescientos vecinos y seiscientos hombres útiles, está dispuesto a declararle guerra a toda la Francia, computando por cada diez mil franceses un habitante de esta villa. Pues es necesario que sepa el Territorio Francés, que España ostenta en su escudo, la insignia de más valor que puede ostentar la primera nación del Mundo.
Tiene en la nada menos que un León. Cuenta la Historia Española, un Sagunto, un San marcial, Bailén, Zaragoza, Otumba, Lepanto y un Pavía, que ninguna Historia de las que se conocen hasta el día puede presentar ejemplos tan terribles.
Que un Carlos Primero de España, supo hacer prisionero a un Rey Francés, y cuando lo guardaba en Castilla, con cuantas consideraciones se albergan únicamente en pechos Españoles, supo el solo atravesar, la Francia aterrorizando con su figura el Mundo.
Que también hubo un Felipe Segundo, que en su reinado supo abarcar de uno a otro confín de la Tierra y que ahora, cuando el Pueblo de España, no cuenta ni con un Gonzalo de Córdoba, ni con un D. Juan Chacón, ni con un Conde de Gabia, ni un Dureña Ponce, hay todavía vergüenza y valor para hacer desaparecer del mapa de los Continentes a la Cobarde Nación Francesa.
El Ayuntamiento tomando en consideración lo expuesto por el Alcalde, acuerda unánimemente declararle Guerra a la Nación Francesa, dirigiendo comunicado en forma debida directamente al Presidente de la República Francesa, anunciando previamente al Gobierno de España esta Resolución.
No teniendo ninguna otra cosa que acordar, se levantó la Sesión, estampando la presente acta, que firman los Srs que sabían y los que no signan, de que yo el Secretario Certifico.
Líjar: Acta de la firma del tratado de paz
En la villa de Líjar, provincia de Almería, siendo las doce horas del día treinta de Octubre de mil novecientos ochenta y tres.
Reunidos en la plaza pública de esta villa, por una parte los representantes de la Nación Francesa, en las personas del cónsul y vicecónsul de Málaga y Almería, y por otra la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Líjar, presidido por su Alcalde D. Diego Sánchez Cortés, siendo testigos de excepción autoridades civiles y militares de la provincia.
Se acuerda firmar la Paz entre Líjar y Francia, tras cien años de guerra incruenta, declarada por este Ayuntamiento el catorce de Octubre de mil ochocientos ochenta y tres.
Y para dejar constancia firman de una parte los representantes del Estado Francés, y de la otra la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Líjar, firmando como testigos de excepción autoridades civiles y militares de la provincia y toda la población de Líjar, de lo que yo la secretaria certifico.