Robar a un mendigo

DM PRANKS ha realizado lo que llaman un experimento sociológico. Un hombre disfrazado de mendigo duerme tirado en el suelo junto a un cartón en el que puede leerse: ¡Ayúdenme. Tengo hambre! También se dejan a modo de señuelo varias monedas y un billete de 100€, supuesto fruto de su mendicidad. Y a ver qué pasa. A ver quién es capaz de robar a un mendigo.

Tras dos horas y cuarenta minutos, habiendo pasado junto al mendigo 54 personas, sólo un niñato es capaz de robar al mendigo el billete de 100€. El resto pasa indiferente o deja una limosna, incluso una chica le advierte del billete para que lo guarde.

Si el experimento se realizase en Madrid, ya podía darse por jodido el indigente. La alcaldesa le quitaría los 100€ y le reclamaría otros 600€ más.

Parece que salvo políticos y algún otro desalmado, nadie es capaz de robar a un mendigo. La cosa cambia cuando de lo que se trata es de ayudarle.

Otro experimento consiste en comprobar cómo reaccionamos si vemos caerse a un mendigo o a un ejecutivo. En este caso las apariencias son decisivas, la solidaridad es para con el ejecutivo y el desprecio más absoluto para el mendigo, salvo honrosas excepciones. No nos damos cuenta que los que pueden convertirnos en quienes despreciamos, son aquellos a los que ayudamos.

La ciudad que quiso ser Olímpica

En Madrid, la ciudad que quiso ser Olímpica, mejor dicho, la ciudad que unos incompetentes, derrochadores e insensibles politicuchos quisieron hacer Olímpica, es habitual ver escenas de personas sin hogar ni recursos durmiendo en túneles, en parques y plazas de toda la ciudad; incluso un lugar tan emblemático de la ciudad como es La Plaza Mayor, en el que la puñetera alcaldesa recomendaba tomarse un relaxing café con leche, sus soportales sirven de dormitorio a numerosos indigentes.

También es habitual en Madrid encontrarse a gente rebuscando en los contenedores de basura, especialmente en los de Mercados, Supermercados y tiendas de alimentación, para conseguir algo que llevarse a la boca, aun a riesgo de ser multados con 750€.

Sin embargo, el fracaso político es no haber logrado para Madrid los JJOO de 2020.

Jaulas para indigentes

Meter a los indigentes en jaulas para que no molesten parece una idea propia de Cospedal, Rajoy o cualquier otra mente perturbada de las muchas del PP. Pero no, al menos de momento. La ocurrencia ha sido llevada a cabo por las autoridades de una importante e histórica ciudad china, Nanchang.

En la ciudad se celebra un festival religioso, algo ya de por sí curioso, durante el cual son muchos los que acuden de visita a los templos de la ciudad, tiempo que es aprovechado por numerosos indigentes para conseguir alguna limosna, lo que resulta muy molesto para los visitantes que se sienten acosados.

Combatir la pobreza matando mendigos es algo cruel. Más humana es la solución encontrada por las autoridades de Nanchang: encerrar a los indigentes en jaulas, una especie de zoológico donde exhibirlos pero sin que molesten; además se les puede echar comida y dinero. ¡Qué más quieren! Aquel que no acepte estar encerrado, se le expulsa de la ciudad y punto.

¡Cuánto tiene que aprender el PP sobre políticas sociales!

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