En la presente temporada de F1 recién estrenada parece que el dominio Red Bull llega a su fin debido a la nueva reglamentación que trae muchas novedades, la más destacada, la sustitución de los motores atmosféricos de 8 cilindros, 2,4 litros y entre 750 y 800 CV de potencia, por los turboalimentados (abandonados en 1988) de 6 cilindros, 1,6 litros y entre 600-650 CV de potencia.
Los coches correrán igual o más pero tendrán menor carga aerodinámica, por lo que será más difícil su conducción, favoreciendo la pericia del piloto.
Lo más visible y notorio para el espectador lego en la materia, aparte del diseño de los monoplazas, es el sonido que éstos emiten. El sonido de F1 atmosférico es radicalmente distinto al de un atmosférico. Una de las cosas que más impresionaba al presenciar una carrera en directo, el rugir de los motores, ha desaparecido, en gran parte al menos.
El siguiente vídeo ha sido grabado en Melbourne durante el GP del año pasado y el del pasado fin de semana. Queda claro que el sonido de un F1 no es lo que era.