
Como otros muchos, un imbécil, saluda a lo nazi al grito de «Heil Hitler» en la escalinata del Reichstag, el Parlamento alemán en Berlín, para ser fotografiado, sin darse cuenta que está en un país con memoria y mucha dignidad. Por tal estupidez fue inmediatamente esposado y detenido y, gracias a ser turista -canadiense-, la cosa se saldó con unas horas de arresto, multa y la requisa de la tarjeta de memoria de la cámara fotográfica.
Ese gesto o cualquier otro que pueda identificarse con la ideología nazi, así como la exhibición de simbología del nazismo y no digamos, hacer apología del mismo, está prohido en Alemania, siendo considerado un delito con pena de cárcel.
Igualito que en España. Aunque prohibido, se puede comprar y exhibir todo tipo de simbología y merchandising de Franco y la dictadura sin consecuencias para quién lo hace; se toleran las manifestaciones y concentraciones en memoria del dictador amparadas por la Iglesia, en las que se hace apología del antiguo régimen con la policía protegiéndo tales actos; se conmemora anualmente la muerte de Franco y se celebran misas en su memoria que acaban en manifestaciones públicas de exaltación fascista. Se pueden negar las atrocidades de la dictadura, justificar su existencia y la Guerra Cívil impunemente, y proclamarlo en TV incluso por la propia familia del golpista asesino.
En definitiva, qué vergüenza de España y qué envidia de Alemania.
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Cartuchos Tinta