La fotografía siguiente es una obra de arte valorada en 800.000€ del artista Martin Kippenberger (1953-1997) denominada Cuando empieza a gotear desde el techo, expuesta permanentemente en el museo Ostwald de Dortmund, al oeste de Alemania, una torre de planchas de madera en cuya base se sitúa un recipiente de goma con una gran mancha de cal blanca.
Una de las limpiadoras del museo, en su afán de limpieza, dañó irreversiblemente (según la dirección y los restauradores del museo) la citada obra de arte al frotar hasta eliminar la mancha de cal blanca del recipiente utilizado por los albañiles en las obras.
Un portavoz de la galería subrayó que todas las empleadas de la limpieza son minuciosamente instruidas sobre su trabajo y se les advierte sobre lo que no deben tocar de ninguna manera. «Es igual que en casa, cuando se les dice: ‘Limpie todo, pero no me toque la mesa del escritorio'», señaló Dagmar Papajewski, portavoz del departamento de Cultura de la ciudad de Dortmund, quien agregó que el caso se encuentra en manos de la compañía de seguros.
-¿Semejante estructura puede, debe, ser considerada obra de arte?
-¿Eso puede costar 800.000€?, ¿habría algún imbécil que los pagara?
-¿Es propio de exhibirse en un museo?
-¿Cómo puede ser irreparable un manchurrón de cal en una artesa de albañil?
-Es más estúpido ¿quién limpia una mierda, o el que la eleva a categoría de arte?
-Merece su sueldo ¿la limpiadora que limpia o el restaurador incapaz de restaurar lo que restauraría cualquier chapuzas?
Larry Crowne es un personaje de ficción, el protagonista de la película homónima (Larry Crowne, nunca es tarde) interpretado por Tom Hanks junto a Julia Roberts.
La película fue estrenada en España el 30 de septiembre pasado y en el cartel promocional de la misma se ve a sus protagonistas en moto y sin casco, motivo por el cual la Dirección General de Tráfico ha impuesto una multa de 30.000€ a la distribuidora.
Increíble, surrealista, pero cierto. En un alarde de estupidez, muy propio de nuestros políticos, la DGT multa a Larry Crowne por no llevar casco en un cartel de una película; como el sujeto no existe, la multa tendrá que pagarla la distribuidora.
Lo más curioso del caso es que para imponer esta sanción la DGT se basa en la Ley de Tráfico, concretamente en su artículo 52 que prohibe expresamente cualquier tipo de publicidad que incite a incumplir una norma de tráfico.
¿Porqué no existe una ley que nos proteja de los imbéciles que insultan nuestra inteligencia?
Impactante historia de Junko Furuta, una joven japonesa asesinada brutal y cruelmente, quién, durante 44 días, fue sometida por sus captores a toda una serie de torturas y vejaciones difíciles de imaginar, pero que sus asesinos se encargaron de dejar constancia gráfica.
Fuente: Wikipedia
Junko Furuta era una joven de 16 años de origen humilde, aplicada en los estudios, querida por quienes la conocían y que no le gustaba relacionarse con algunos de sus compañeros de colegio, ni sexualmente, ni participar en las diversiones que ellos practicaban. No le gustaban esos chicos, pero tuvo la desgracia de que uno de ellos sí se interesara por ella. Miyano Hiroshi, de 18 años, no aceptaba la negativa de Janko a sus pretensiones, lo que unido a su carácter violento y ser miembro de bajo nivel de la Yakuza (mafia japonesa), despertó en él ansias de venganza.
El 22 de noviembre de 1988, Hiroshi y tres amigos suyos la secuestraron llevándola a casa de uno de ellos, Minato Nobuharu. A partir de ese momento comenzó el calvario de Junko Furuta. En venganza por no haber atendido sus requerimientos anteriores, la joven fue golpeada brutalmente, desnudada (así permanecería durante todo su cautiverio) y violada por los cuatro.
Para evitar una investigación policial, Hiroshi obligó a la chica a llamar a sus padres y fingir que había huido de casa, pero que se hallaba con «un amigo» y no corría peligro. Cuando los padres de Nobuharu se encontraban en casa, Furuta tendría que fingir que era su novia. Estos pronto se dieron cuenta de la situación pero no la denunciaron por miedo a la Yakuza.
Durante 44 días, Junko Furuta fue violada a diario por sus secuestradores y por otros mafiosos llamados por Hiroshi. Durante ese tiempo fue violada en más de 500 ocasiones por más de 100 hombres, en alguna ocasión, 12 veces en el mismo día.
Hiroshi y sus amigos le introducían toda clase de objetos en la vagina y el ano, incluidas una botella y una barra de hierro que le causo severas lesiones. Casi no le daban de comer y estaba desnutrida y deshidratada. Cuando les pidió comida y agua, la obligaron a comer cucarachas vivas y a beber su propia orina. Todo el tiempo documentaron su tortura mediante una cámara fotográfica.
Durante 44 días, Janko Furuta fue torturada y vejada a diario de una forma cruel y sádica. Los cuatro orinaban encima de ella. En una ocasión, le introdujeron un fuego pirotécnico en el ano y lo encendieron, causándole severas quemaduras. La golpearon con palos de golf. La amarraron de pies y manos, la pusieron boca arriba y le arrojaron pesas en el estómago. La colgaron del techo y usaron su cuerpo como saco de arena para practicar el boxeo. Le azotaron la cara contra el piso de cemento. Le rompieron todos los huesos de una de las manos a pisotones. Le introdujeron tijeras y pinchos para asar pollo en la vagina que le causaron graves desgarramientos. La metieron por horas en un congelador. Le quemaron los párpados con cera caliente. Le clavaron docenas de agujas de coser en los pechos. Un día en que intentó llamar a la policía y fue sorprendida, la quemaron con cigarrillos en la vagina y le aplicaron la llama de encendedores en el clítoris como castigo. Otro día que quiso escaparse, tomaron unos alicates y le amputaron el pezón izquierdo. En uno de los últimos días, le metieron un foco caliente en la vagina, el cual se rompió adentro. Su desesperación era tanto que cuando sus compañeros se negaron a dejarla ir, ella les suplicó que «la mataran y siguieran con su vida».
El dolor, el terror y el sufrimiento de Junko Furuta durante sus últimos días de vida fueron espantosos. El 4 de enero de 1989, la obligaron a jugar al mah-jong con uno de ellos. Para su desgracia ella ganó la partida. Furiosos, los cuatro la golpearon salvajemente con una pesa de hierro. Le quemaron uno de los ojos con una vela encendida. Después rociaron sus extremidades, tronco y rostro con combustible para encendedores y le prendieron fuego; ardió durante dos horas. Sus alaridos de dolor eran terribles y ellos se limitaron a burlarse de ella. Se le quemaron totalmente los ojos y quedó desfigurada. Cuando el fuego finalmente se consumió, los cuatro se pusieron a beber cerveza mientras observaban lo que quedaba de la chica, aún convulsionándose en el suelo. Su agonía duró cuatro horas más, mientras ellos seguían jugando al mah-jong y le gritaban burlonamente que “no exagerara”. Junko Furuta murió a causa de un shock. Su cadáver fue encerrado en un bidón rellenado con cemento.
Una denuncia de un infiltrado en la Yakuza permitió la identificación y detención de los asesinos. Hoy, los cuatro están en libertad.
Los camarones son unos crustáceos marinos, similares a las gambas pero mucho más pequeños. Excelente bocado son las tortillas de camarones.
La increíble siguiente historia, real o leyenda urbana, cuenta la pasión y muerte de una mujer con multitud de crías de camarón en su vagina.
Susan DeLucci, de 22 años, compró en una pescadería una langosta viva, no se sabe si para darse un festín o para usarla como lo hizo y que, al fin, le causó la muerte. El caso es que esta chica, sola y tranquila en su casa, mientras visionaba una película porno, cogió la langosta y a modo de consolador se introdujo la cola del crustáceo en la vagina; para mayor placer, acercaba un mechero a la cara de la langosta lo que producía que esta, aterrorizada, moviera violentamente la cola.
Se supone que satisfecha, Susan se acostó despertándose de madrugada con enormes y dolorosas ganas de orinar; una vez en el baño, entre fuertes dolores y un olor nauseabundo, DeLucci expulsaba de su vagina algo asqueroso que sólo pudo comprobar cuando se levantó y observó como en la taza del water, entre un líquido fangoso, montones de camarones flotaban y saltaban.
Horrorizada ante la visión, Susan sufrió un desmayo con tan mala suerte que, al caerse, murió al romperse la cabeza contra el baño primero y contra el suelo después. Así la encontró la policía, avisada por los vecinos alertados por los gritos que la pobre chica profirió tras el parto del camarón.
La langosta que Susan usó como juguete sexual y que fue encontrada en la basura con restos de ADN y vello púbico, había ingerido huevos de camarón que, al ser torturada para proporcionar placer sexual, expulsó en su vagina. Ahí, los huevos encontraron el entorno ideal para su rápido desarrollo con el desenlace conocido.
“Muro con sangre. VIH Positivo. No pasar”. Este es el cartel intimidatorio que ha colocado una doctora en medicina brasileña en la valla de seguridad de su casa harta de sufrir robos.
En vez de una valla electrificada o coronada con alambre de espino habitual en otras propiedades, esta doctora ha optado por una solución distinta: colocar como remate de la verja que protege su casa unas jeringuillas rellenas de agua y sangre infectada con el virus VIH.
Si otro ladrón se atreve a entrar en su casa, se podrá llevar el botín y el SIDA como recuerdo. Utilizar una jeringuilla infectada como arma de ataque por delincuentes no es algo nuevo, sí lo es que esas mismas jeringas se utilicen como arma de defensa contra ellos.
En Perú, una ambulancia tuvo un grave accidente al salirse de la vía y caer por un desnivel de 150 metros, cuando trasladaba al hospital donde la iban a practicar una cesárea a una mujer a punto de dar a luz.
En la ambulancia viajaban, además de la parturienta, otras seis personas: su marido, su madre y personal médico, incluida la tocóloga que la iba asistir en el parto y que falleció en el accidente.
Lo insólito y soprendente es que minutos después de producirse el accidente, en el barranco, nació una niña con fractura en la muñeca derecha. Cuatro horas después, el tiempo que se tardó en efectuar el rescate, se produjo el traslado de los heridos.
La falsificación de moneda es un delito duramente castigado, por ello, los falsificadores deben ser extremadamente cuidadosos para que no les pillen al introducir en el mercado los billetes falsos, además de, lógicamente, que estos sean una réplica lo más exacta posible del original. Siendo esto de perogrullo, la estupidez de algunos es sorprendente al intentar colar billetes de 3€ y 8€.
En una localidad de La Palma (Canarias), la Guardia Civil han detenido a dos jóvenes de 23 y 32 años como presuntos autores de un delito continuado de falsificación de moneda. Se han recuperado billetes de 50 y 100 euros y otros billetes de 3€ y 8€.
Según un comunicado de la Guardia Civil, los hechos se produjeron cuando los ahora detenidos utilizaron para realizar diversas transacciones comerciales «billetes fraudulentos que habían confeccionado artesanalmente con una impresora casera».
Hay que ser cuidados@ si se tiene alergia a los perros.
Hay que estar enferm@ para practicar sexo con perros.
Hay que ser gilipollas para ser lo primero y hacer lo segundo.
Dos desviados irlandeses estaban suscritos a un chat zoofílico. Sean McDonnell, de 57 años, contactó con una mujer de 43; se encontraron y él obligó a su perro pastor alemán (¿?) a mantener relaciones sexuales con ella.
Él está siendo juzgado por violar la prohibición de la zoofilia en Irlanda, pudiendo ser condenado hasta con cadena perpetua.
Ella murió de un shock anafiláctico a las pocas horas del encuentro porque era alérgica a los perros.
Un chino de 71 años bebe gasolina desde hace 42 años por ser un remedio excelente para la tos y dolencias de la garganta. Cuando empezó con tan inflamable afición allá por 1969, bebía queroseno que sustituyó por gasolina cuando encontrar el primero fue difícil.
Chen Dejun, que así se llama el hombre, es bajito (1,50) y delgado, pero explosivo, con una salud de hierro que le proporciona beberse entre 3 y 4 litros de gasolina al mes, como si fueran juanolas.
La cantidad de gasolina que ha bebido durante estos 42 años permitirían a un automóvil recorrer más de 21.000 Km.