Los vecinos del barrio burgalés del Gamonal lo han conseguido, de momento. El alcalde paraliza las obras hasta que un grupo de trabajo formado por partidos políticos, asociaciones de vecinos, la plataforma Bulevar no ahora, zona G y técnicos municipales, decidan si continuar con la construcción del parking subterráneo de pago y con menos plazas, sustituyendo las más numerosas y gratuitas en superficie. Veremos si es un paréntesis o una paralización definitiva. El caso es que la rebelión vecinal ha logrado lo que se proponía y nos enseña el camino a seguir. Que el Gamonal sirva de ejemplo.

El conflicto burgalés ha sido, está siendo, un claro ejemplo de la política del Partido Popular. Un alcalde se empecina en unas obras innecesarias y contrarias al interés de los vecinos, presupuestadas en 8 millones de euros. Un gasto excesivo e innecesario para un Ayuntamiento en bancarrota que niega 13.000€ para una guarderia. Las obras se conceden a un constructor condenado a 7 años de cárcel en los años 90 por corrupción urbanística junto al alcalde de la localidad en aquella época. Al constructor le fue concedido el tercer grado a los siete meses de estar en presidio, y el alcalde fue indultado por el Gobierno de Aznar (Ignacio Escolar: que está pasando en Burgos).

Los vecinos llevaban meses protestando contra el proyecto sin que nadie les hiciera caso alguno. Hasta que queman unos contenedores y rompen los cristales de una oficina bancaria. Entonces la ciudad se llena de antidisturbios y medios de comunicación. Los primeros para ejercer una represión brutal y desproporcionada, los segundos para manipular la información. PP en estado puro.
En río revuelto, no podía faltar la voz de una gilipollas empeñada en demostrar que lo es. Ana Botella declara que está en contra de los atentados de Burgos. Otra buena ocasión perdida por esta retrasada de tener la boca cerrada o llena con una de las excelentes morcillas del lugar.
A pesar de todo, los vecinos han logrado momentáneamente parar los pies a un dictadorzuelo provinciano. Que el Gamonal sirva de ejemplo y detonante para reproducirlo por todo el país. Si así fuera, tenían los días contados los incompetentes, franquistas, corruptos, ladrones y sinvergüenzas que nos gobiernan, realeza incluída.
Por último, el conflicto del Gamonal viene a ilustrar el recomendable artículo de Javier Marías en el País semanal del pasado domingo: La baraja rota. En él, el escritor desarrolla lúcidamente lo que suele conocerse como «o jugamos todos o se rompe la baraja». Si una parte rompe el «contrato social», la otra parte está legitimada para no respetarlo.
