Un insignificante punto azul, así es como vio y nos permitió ver nuestro planeta, desde una distancia de 6000 millones de Km., la sonda Voyager-2 antes de perderse en el infinito del Universo, no sin antes habernos mostrado imágenes espectaculares y desconocidas de nuestro sistema solar.
Nos creemos dioses cuando La Tierra no es más que un minúsculo grano de arena en la inmensidad del Universo, un insignificante punto azul destinado a desaparecer engullido por nuestro Sol, eso si no acabamos nosotros antes con ella, en lo que parece tenemos especial interés.
El vídeo nos muestra lo pequeños que somos, y la extraordinaria locución del no menos extraordinario Carl Sagan, aun más.