Alrededor de 200 desahucios se producen cada día, unos por no poder pagar el alquiler y otros, la mayoría, porque el banco se ha apropiado la vivienda del que no ha podido hacer frente al pago de la hipoteca. Gracias a que en nuestro país ni se quiere oir hablar de la dación como pago, lo más indignante es que el desahuciado se queda sin casa pero aun mantiene la deuda con el banco que, en muchos casos, es igual o superior a la cantidad hipotecada por motivo de los intereses de demora y costas judiciales. En la puta calle, en lista de morosos y sin la posibilidad de renacer como el ave Fénix.
En el blog patadaenelculo.com ofrecen, no una solución, sino un truco para alargar el desahucio, prolongar el momento de verse en la calle. Llegados a la triste situación de que la vivienda vaya a ser embargada por el banco, lo primero que tenemos que hacer es poner todos los impedimentos a nuestro alcance: alegar que se ha pagado, dificultar la notificación, ingresar un parte de la deuda, etc., todo lo que sea posible para retrasar el desahucio. Agotadas todas las vías, siendo ya ineviteble, este es el truco: hay que ir al juzgado, aceptar los términos del embargo, ir al banco, firmar las escrituras, decir que se está de acuerdo en todo, firmar ante notario que se está de acuerdo en todo y despedirse del piso, con los pappeles, los convenios y las bendiciones del banco, que al fin ha conseguido quedarse con la casa.
Hecho esto, inmediatamente, cambiar las llaves de la puerta, cambiar el titular de los suministros, Y seguir en la casa, pero ya no como propietareio, sino como okupa. Porque siendo okupa, para echarte se requiere un proceso judicial distinto que puede llevar otros dos o tres años. Si no hubieses firmado el convenio con el banco, y todos los papeles oportunos, seguirías siendo el dueño y responsable de lo que sucediera en esa vivienda, pero como ya los firmaste, el dueño es el banco y tú eres un okupa, con lo que el expediente juducial anterior, pierde vigor y hay que comenzar de nuevo.
No es una solución, no es la manera ideal de actuar, pero sí de ganar un tiempo precioso en el quién sabe lo que puede pasar antes de acabar irremediablemente en la calle. Ser okupa de la propia casa en ningún caso es peor que el robo legal organizado por los ladrones de guante blanco que detentan el poder económico y por ende, el político a su servicio.