Pulpo y Monarquía

De escándalo en escándalo, la Monarquía cae en picado. De loor de multitudes, a vituperada y abucheada cada vez que alguno de sus miembros asoma la cabeza a la calle. Desacreditada y agotada, se hunde en su propia mierda. Una mierda que sale a flote porque las cloacas están a rebosar y no se puede esconder más, al menos no toda.

Lo último: tres primas del rey imputadas en la trama de Gao Ping por blanqueo de capitales y delito contra la Hacienda Pública. María Inmaculada y María Margarita Borbón Dos Sicilias Lubomiska, y María Llia García de Sáez, hija de la primera. Tres Marías con apellidos rimbombantes y de rancio abolengo, pero con los mismos vicios de los canis e infinitamente más chorizas que cualquier vulgar ratero encerrado en la cárcel. De casta le viene al galgo.

Spain Flag in Pole

La Monarquía es como un pulpo.

El pulpo es un animal primitivo, astuto, escurridizo, mimético y de sangre azul (en vez de hemoglobina para transportar el oxígeno por la sangre, utilizan hemocianina). Tiene una cabeza grande de la que nacen 8 largos brazos con ventosas. Uno de ellos es el órgano sexual, un brazo copulador.

La característica más notable del pulpo es la asombrosa capacidad que tiene para eludir los ataques de sus enemigos. Para ello se vale de una desarrollada capacidad de mimetismo: puede adquirir instantáneamente los colores, las formas y las texturas del entorno para pasar desapercibido. Si este camuflaje falla, suelta una nube de tinta negra para ocultarse en la huída. Como último recurso, puede desprenderse de uno de sus brazos cuando ha sido agarrado por un atacante y regenerarlo después sin sufrir daño alguno.

La Monarquía, como el pulpo, es primitiva. Tiene una gran cabeza, el rey, de la que emanan los tentáculos para inmovilizar a sus presas. Uno de ellos, el órgano copulador, muy activo en el caso del Borbón.

Por sus miembros, como en el pulpo, corre sangre azul, aunque las evidencias lo niegan. Posee una gran capacidad de mimetismo con su entorno: Dictadura o Democracia. Puede incluso adoptar un aspecto campechano para disimular su soberbia.

La Monarquía, como el pulpo, puede lanzar cortinas de humo para ocultarse y desviar la atención, así como sacrificar alguno de sus miembros para salvar la cabeza.

Sin embargo, a pesar de todos sus mecanismos de defensa, la Monarquía, al contrario que el pulpo, está en peligro de extinción. Su nula o nociva función en el ecosistema la han convertido en un órgano vestigial entre seres más evolucionados.

Al pulpo, antes de cocerlo en la olla, se le asusta, esto es, se le da una paliza para que después quede blando. A la Monarquía puede caerle la del pulpo.