Imágenes curiosas de la coronación de Felipe VI

De la fastuosa ceremonia del absurdo vivida el día de la coronación de Felipe VI, destacar algunas curiosas imágenes que se produjeron. Antes, alguna consideración.

Indignante, no curiosa, fue la imagen de otro jefe de Estado militar e impuesto, saludando a la plebe -escasa- desde un balcón del Palacio Real. Indignante fue el semiestado de sitio en el que convirtieron Madrid el día señalado, una ciudad tomada por la policía, donde se limitó la libre circulación de las personas; se prohibió el derecho de manifestación y reunión, y se reprimió salvajamente a todo aquel que, aún pacíficamente, intentó hacer valer sus derechos; se prohibió y reprimió portar y exhibir banderas y cualquier otro símbolo republicano. Todo ello el mismo día que el nuevo rey afirmó ante las Cortes que en su reino caben todos. Excepto los que no le vitorean, claro está.

Indignante es ver a los que dicen son los reyes de un país laico y aconfesional, doblando la rodilla ante autoridades eclesiásticas. Y que el primer viaje oficial de la pareja real sea el próximo día 30 a El Vaticano. Y que Letizia, antaño plebeya liberal -incluso libertina, según algunos- y poco religiosa, en vez de ser excomulgada fulminantemente por la Iglesia por abortar, es acogida con fervor en su seno gracias al braguetazo real.

Indignante es ofrecer un ágape para más de dosmil invitados, sin saber cuáles son los méritos de éstos ni cuánto nos cuesta la broma, en la actual coyuntura.

Pero entre indignación e indignación, la coronación de Felipe VI dejó algunas imágenes curiosas. Estas:

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Froilán encerrado en Palacio, como J.Luis López Vázquez en La Cabina

VEF_389430_twitter_mirala_que_mona_con_su_camisita_y_su_canesu_por_mikeliturriagaSoraya Sáenz de santamaría ¿la tercera infanta?

Sin títuloLa República en el besamanos a los reyes

Leonor de Borbón, 9 años, heredera al trono, 102.464€ anuales de asignación

Democracia vs Monarquía

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Desde que el próximo día 19 de junio, Felipe y Letizia usurpen la voluntad popular y se autoproclemen reyes de España, su hija mayor de 9 años, Leonor de Borbón y Ortiz, pasará automáticamente a ser princesa de Asturias y, por tanto, heredera al trono, por lo que la corresponde una asignación anual de 102.464€, 13 veces el salario mínimo interprofesional.

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Nada más que decir…

Cinco razones por las que no debe ser rey Felipe

Hace algo más de dos años, el diario ABC publicaba las cinco razones, según ellos, por las que la Monarquía es un sistema mejor que la República:

1-La Monarquía representa la pluralidad de identidad y la constante renovación dentro de la continuidad.

2-La Monarquía es un sistema más moderno.

3-La Monarquía permite la independencia.

4-El peor Rey es mejor.

5-No es el sistema perfecto; es el mejor posible.

Si el enunciado de las razones, tan peregrinas como falsas, provocan risa, el desarrollo de las mismas, carcajadas.

Qué mejor momento que ahora para enumerar cinco razones por las que Felipe no debe ser rey.

1-Porque Monarquía no es Democracia. Es la antítesis.

Etimológicamente, monarquía proviene del griego μονος (mónos), que significa uno, y αρχειν (arjéin), es decir, el gobierno de uno solo. El poder del rey es vitalicio, hereditario y proviene de Dios, sólo ante el cual es responsable.

Si bien es cierto que en las monarquías parlamentarias modernas el poder del rey está limitado, la esencia sigue siendo la misma. Un rey lo es para siempre –o hasta que abdique o le echen- y heredarán el cargo sus descendientes sin que el ciudadano tenga ni voz ni voto.

El término democracia también proviene del griego: δῆμος (démos), que puede traducirse como ‘pueblo’, y κράτος (krátos), que significa ‘poder” o gobierno. La Democracia es el Gobierno del pueblo. Éste elige a sus representantes por sufragio universal cada ciertos periodos de tiempo.

En las monarquías constitucionales y parlamentarias, el jefe del estado es el Rey y la acción de Gobierno corresponde al ejecutivo salido de las urnas. En una República, que tan demonizada está en España, el jefe del Estado, al igual que el Parlamento, es elegido democráticamente.

2-Porque los Borbones son una dinastía nefasta. Desde el primero –Felipe V- hasta Juan Carlos. Franceses de origen, con tendencia a la endogamia y producir tarados. Amantes de la buena vida y poco de las ciencias y las artes. Golfos.

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3-Por la corrupción, la opacidad y las amistades peligrosas de la familia real española. La Monarquía apesta.

Si algo caracteriza a la monarquía actual es la falta de transparencia en todos los sentidos y la mordaza con la que hasta hace bien poco tiempo acallaban a los medios de comunicación sobre las actividades del rey. Ahora se sabe algo de las aficiones del rey: la caza y las mujeres, por ejemplo. Pero ¿Cuál es el coste real de la monarquía? ¿Cuánta y de dónde procede la fortuna del rey? ¿Cuál fue su papel en el 23-F?

Por otra parte están las amistades peligrosas del rey que hacen dudar muy mucho de su integridad. Mantiene unas excelentes relaciones con la monarquía marroquí y las del Golfo Pérsico, caracterizadas no precisamente por su respeto a los  derechos humanos y la Democracia. A nivel nacional, Colón de Carvajal, Mario Conde, Díaz Ferrán, Jaume Matas, etc. Todos ellos personajes ejemplares. Dime con quién andas y te diré quién eres.

4-Por la impunidad de la que goza el rey.

Constitucionalmente, la figura del rey es inviolable y goza de impunidad absoluta. No se le puede imputar ni juzgar por ninguno de sus actos, por delictivos que fueran.

5-Porque es herencia del franquismo.

Franco  educó y  sentó en el trono a Juan Carlos. En justa correspondencia, éste no ha hecho más que alabarle y tanto la figura del dictador como los crímenes del franquismo han quedado impunes.

A modo de epílogo, algo no definitivo pero sí muy  significativo. El apoyo popular. Parece que en recientes manifestaciones a favor de la República y de la Monarquía, la diferencia de asistentes es abismal a favor de los primeros.

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¿Por qué ese empeño en impedir un referéndum? Si pierden, será por voluntad popular y si  ganan, por el mismo motivo, se cargarán de razones para mantenerse.

Adiós Rey franquista. Bienvenida República

La Monarquía, heredar el poder, es algo tan rancio, anacrónico y antidemocrático que cuesta creer que subsista. La Monarquía es un atraso, si además ocupan el trono unos retrasados, peor todavía.

Si fuera una institución simbólica, que lo es –el rey reina pero no gobierna-, barata y decente, aún. Pero no es el caso.

Juan Carlos ni inventó la Democracia ni la trajo a España. Adaptó un sistema insostenible y caduco para que en el fondo todo siguiera igual. La Dictadura salió indemne del proceso y el poder real lo siguieron, y siguen, ostentando los mismos con una nueva decoración sin variar la estructura ni los cimientos.

Juan Carlos nunca ha jurado la Constitución, a lo que teóricamente estaba obligado (artículo 61: El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas).

Sí, en cambio, juró dos veces lealtad al régimen (de Franco) y los Principios Fundamentales del Movimiento. La primera, en las Cortes el 22 de julio de 1969 y en presencia del dictador cuando éste le nombró su sucesor:

La segunda, también en las Cortes, el 22 de noviembre de 1975 cuando asumió la Jefatura del Estado a la muerte de Franco:

Juan Carlos ha sido un rey franquista. Educado, designado y colocado por Franco. Un rey que no dudó en traicionar a su padre (legítimo sucesor de Alfonso XIII), saltándose las normas de la Institución que representa y pretende perpetuar abdicando en su hijo Felipe.

No es de extrañar que elogiara así al dictador, incluyendo la aberración de que fue él el que resolvió y nos sacó de la guerra civil del 36, cuando fue quién la origino con un Golpe de Estado:

Y el recuerdo cariñoso a su mentor en su primer mensaje navideño

A rey muerto, rey puesto. Absurdo. Y así pretenden que siga siendo los estómagos y patrimonios agradecidos, despreciando y acallando la voz de los ciudadanos, que no súbditos.

Letizia, para presentar los informativos de TVE supongo que tuvo que pasar alguna prueba de capacitación. Sin embargo para, se supone, representar a un País y a todos sus ciudadanos, es suficiente con acostarse con un príncipe heredero, sin pasar por un proceso electoral o, al menos, un referéndum.

Conociendo a las huestes monárquicas, si se avinieran al demandado referéndum, que sepan que no vamos a admitir que nos pregunten entre estas dos posibilidades:

-Sí al reinado de Felipe VI

-No a la III República

Si finalmente ocurre y Felipe ocupa el trono, su hija Leonor de 8 años pasará automáticamente a ser princesa de Asturias y heredera al trono, así de estúpido. ¡Qué dirá Arias Cañete!

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Pulpo y Monarquía

De escándalo en escándalo, la Monarquía cae en picado. De loor de multitudes, a vituperada y abucheada cada vez que alguno de sus miembros asoma la cabeza a la calle. Desacreditada y agotada, se hunde en su propia mierda. Una mierda que sale a flote porque las cloacas están a rebosar y no se puede esconder más, al menos no toda.

Lo último: tres primas del rey imputadas en la trama de Gao Ping por blanqueo de capitales y delito contra la Hacienda Pública. María Inmaculada y María Margarita Borbón Dos Sicilias Lubomiska, y María Llia García de Sáez, hija de la primera. Tres Marías con apellidos rimbombantes y de rancio abolengo, pero con los mismos vicios de los canis e infinitamente más chorizas que cualquier vulgar ratero encerrado en la cárcel. De casta le viene al galgo.

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La Monarquía es como un pulpo.

El pulpo es un animal primitivo, astuto, escurridizo, mimético y de sangre azul (en vez de hemoglobina para transportar el oxígeno por la sangre, utilizan hemocianina). Tiene una cabeza grande de la que nacen 8 largos brazos con ventosas. Uno de ellos es el órgano sexual, un brazo copulador.

La característica más notable del pulpo es la asombrosa capacidad que tiene para eludir los ataques de sus enemigos. Para ello se vale de una desarrollada capacidad de mimetismo: puede adquirir instantáneamente los colores, las formas y las texturas del entorno para pasar desapercibido. Si este camuflaje falla, suelta una nube de tinta negra para ocultarse en la huída. Como último recurso, puede desprenderse de uno de sus brazos cuando ha sido agarrado por un atacante y regenerarlo después sin sufrir daño alguno.

La Monarquía, como el pulpo, es primitiva. Tiene una gran cabeza, el rey, de la que emanan los tentáculos para inmovilizar a sus presas. Uno de ellos, el órgano copulador, muy activo en el caso del Borbón.

Por sus miembros, como en el pulpo, corre sangre azul, aunque las evidencias lo niegan. Posee una gran capacidad de mimetismo con su entorno: Dictadura o Democracia. Puede incluso adoptar un aspecto campechano para disimular su soberbia.

La Monarquía, como el pulpo, puede lanzar cortinas de humo para ocultarse y desviar la atención, así como sacrificar alguno de sus miembros para salvar la cabeza.

Sin embargo, a pesar de todos sus mecanismos de defensa, la Monarquía, al contrario que el pulpo, está en peligro de extinción. Su nula o nociva función en el ecosistema la han convertido en un órgano vestigial entre seres más evolucionados.

Al pulpo, antes de cocerlo en la olla, se le asusta, esto es, se le da una paliza para que después quede blando. A la Monarquía puede caerle la del pulpo.

La renuncia de un rey desaFORTUNAdo

La renuncia del rey. Esperanzador pero equívoco titular del presente post. Desgraciadamente el rey no se va para dejar paso a la III República. Tampoco ha renunciado a la inmunidad que le otorga la Constitución la cual le permite obrar con total impunidad en todos los ámbitos. Tampoco ha renunciado a las muchas prebendas, beneficios y asignaciones que le proporciona (y a su familia) el Estado, para recibir sólo, y sólo él, una asignación digna como Jefe del Estado. Ni siquiera ha renunciado a la herencia millonaria recibida de su padre oculta en Suiza. Menos aún ha renunciado a los oscuros, dudosos y millonarios beneficios obtenidos aprovechándose de su regio cargo.

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Simplemente, en un vano intento de lavado de imagen, la renuncia del rey se refiere al uso y disfrute del yate Fortuna. Hasta este demagógico gesto es una farsa de Zarzuela. Vendido por los medios cortesanos como una decisión solidaria y comprometida del monarca con la catastrófica situación actual, la realidad es que el Estado le ha quitado el juguete.

El Fortuna fue un regalo (¿altruista?) en el año 2000 de un grupo de empresarios mallorquines al rey, para sustituir al anterior Fortuna, regalo (¿altruista?) al monarca a finales de los 70 por el rey de Arabia Saudí.

El lujoso yate le cuesta anualmente a Patrimonio Nacional 1,8 millones de euros (tripulación, reparaciones, amarre, etc.), además de 20.000€ cada vez que hay que llenar los tanques de combustible. A principios de año, Patrimonio comunicó a Zarzuela que no disponía de dicha cantidad para su mantenimiento, por lo que se disponía a vender o desguazar el yate, lo que enfureció al rey. Adelantándose a los acontecimientos, en un acto oportunista en beneficio de su maltrecha imagen, el rey vende la irremediable pérdida de su barquito como un acto de generosidad.

Tenemos un rey desaFORTUNAdo. Ya no veremos más esas bucólicas imágenes de una familia campechana relajándose por aguas mallorquinas tras largos meses de aburrido ocio y suculento negocio. El Fortuna ya no será lugar de encuentro de toda la familia, dónde hacer balance del pasado y diseñar estrategias de futuro. España se va a pique.

Fuente

Adiós, Princesa. El aborto de Letizia

David Rocasolano ha publicado Adiós, Princesa (Editorial FOCA). Una venganza contra su prima y otrora íntima amiga, la experiodista Letizia Ortiz, actual princesa de Asturias por mor de su matrimonio con el príncipe Felipe. A ella y a la familia en la que se ha integrado culpa el autor de la desintegración de la suya.

Si en un país poco aficionado a la lectura, se añaden las presiones de la Casa Real para evitar la publicación del libro, la negativa de los grandes medios de comunicación a darle publicidad y el boicot de las grandes cadenas de distribución, Adiós, Princesa, llegará a un público reducido. Y es una lástima, porque merece la pena leerlo.

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David Rocasolano, abogado, primo, amigo y asesor legal de Letizia hasta hace pocos años, nos descubre la evolución de ésta desde sus años de estudiante de periodismo hasta la princesa que hoy es. Y no sale bien parada. Ni los Borbones, especialmente el rey. Ni la prensa.

El primer y último capítulo del libro son sendas bombas contra la princesa. En primer lugar, el autor nos descubre que Letizia abortó voluntariamente en una conocida clínica madrileña al quedarse embarazada de su entonces pareja y compañero de cadena televisiva, sin que éste se enterara, ni del embarazo ni de la interrupción del mismo. Un año antes de casarse, Felipe y Letizia encargan al propio David Rocasolano que elimine toda prueba y rastro de esa intervención. De conocerse el aborto de Letizia, la boda nunca se habría celebrado. La oposición desde un principio de los reyes al enlace, salvada por la amenaza de renuncia del príncipe a sus derechos sucesorios, hubiera sido insalvable.

Por otro lado, estaría la Iglesia. Nunca podría haber casado a una abortista, antes al contrario, debería haberla excomulgado. Motivo por el cual el matrimonio de cuento de hadas podría o debería ser declarado nulo.

El último capítulo del  libro se refiere al suicidio de Érika, hermana de la princesa. Da a conoccer la desgarradora escena vivida en el interior de la iglesia en la que se celebraba la misa de cuerpo presente antes del entierro, protagonizada por Antonio Vigo, expareja de la fallecida y padre de su hija, cuando dirigiéndose al rey grita: ¡Vosotros! ¡Vosotros tenéis la culpa! ¡Tú tienes la culpa, hijo de puta! ¡Vosotros la habéis matado! Momentos después, a la salida, Letizia se arrollidó ante el rey.

Después, Letizia pretendió ilegítimamente la custodia de la hija de Érica, legal y legítimamente en manos de su padre.

Entre medias, la transformación experimentada por una joven republicana y agnóstica a la que besó un príncipe y la convirtió en princesa.