Chute de adrenalina: Caída libre desde 52 metros

Saltar desde un puente o desde una grua a gran altura sujeto con arnés a una cuerda es una mariconada. Para conseguir un buen chute de adrenalina, tirarse en caída libre a una colchoneta desde 52 metros de altura.

Ley de Seguridad Ciudadana

El verdadero propósito de la inminente Ley de Seguridad Ciudadana: Después de robaros todo, ahora toca daros de hostias para defender el botín.

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Boxer con sólo dos patas

Por un problema de nacimiento, fue necesario amputar las patas traseras de Duncan Lou Who, un cachorro de Boxer que se maneja de maravilla con sólo las dos patas delanteras.

Hace terapia física todos los días para corregir el daño a la columna vertebral que tiene desde su nacimiento, está haciendo hidroterapia para ayudar a sus músculos y también tiene una silla de ruedas a la medida para darle una segunda opción de movilidad.

Cospedal quita la ayuda a un niño de 7 años con parálisis cerebral

El Gobierno de Castilla-La Mancha, presidido por Cospedal, ha retirado la prestación económica (440€) a un niño de 7 años con parálisis cerebral severa y que necesita ayuda para todas las tareas diarias (Fuente).

Aborto, no. Condenar a malvivir o a morir sin dignidad a un nacido con paralísis cerebral, sí. Ayudar a un niño absolutamente dependiente con 400 cochinos y miserables euros, no. Subir un 190% el presupuesto para sus altos cargos, sí.

Así es la repugnante moral de Cospedal, puro nazismo.

Chucky en la parada del autobús

Broma de cámara oculta en una parada de autobús para promocionar en Brasil el estreno de una nueva película del muñeco diabólico: la maldición de Chucky.

Descubierto bandolero en Madrid armado con un trabuco

Gracias a la incompetencia de la legal pero ilegítima alcaldesa de Madrid, la ciudad se ha convertido en la capital del surrealismo y el absurdo. Haciendo el ridículo cada vez que habla y cagándola cada vez que actúa, la imagen de la ciudad se deteriora a pasos agigantados. De la gloriosa etapa de Tierno a la triste de Manzano, la faraónica de Gallardón hasta la esperpéntica de Botella.

Cohabitar con Aznar imprime carácter, por eso la alcaldesa privatiza en beneficio de amigos y benefactores, su irresponsabilidad produce muertes y tiene fijación con las armas de destrucción masiva.

Hace unos meses, la decidida actuación de unos policías municipales dio resultado: descubrieron al peligroso bandolero Luis Candelas y la cueva que le servía de refugio. Campaba el rufián por los aledaños de la Plaza Mayor armado con un trabuco alarmando a viandantes y consumidores de relaxing cafés.

Los municipales conminaron al bandido que les entregara el arma –un trabuco inutilizado de 1837- y que les mostrara la licencia para la misma. Ante la negativa de éste a lo primero y la ausencia de lo segundo, les invitó a su cueva para discutir el asunto, lo que hicieron los arrojados agentes del orden no sin antes ponerse unos chalecos antibalas, no fuera a ser que el histórico bandolero les disparara una andanada de metralla con la ilegal reliquia.

Boquiabiertos se quedaron al entrar en el refugio y descubrir un arsenal de trabucos, pistolas de la época y navajas colgadas en las paredes, así como al resto de la banda armada con bandejas.

Avisados, unos agentes de la Guardia Civil se personaron en el sitio para estudiar el arsenal encontrado y resolver qué hacer con él y sobre la pertinencia o no de contar con licencia de armas. Pasados los meses, no han vuelto a dar señales de vida. Deben estar descojonándose todavía.

Luis Candelas (1804-1837) fue un legendario bandolero madrileño ejecutado a garrote vil pese a no tener delitos de sangre en su haber. Uno de los sitios en los que dicen que se escondía es en una cueva ubicada entre Arco de Cuchilleros y la Plaza Mayor.

Es ahí donde, desde 1949, se encuentra el mesón más emblemático de Madrid, conocido por todos los madrileños y la mayoría de los turistas nacionales y extranjeros que visitan la capital, incluidos artistas, políticos y personajes ilustres: Las Cuevas de Luis Candelas.

Desde su inauguración, el local cuenta entre la multitud de objetos que decoran sus paredes con las citadas armas de principios del XIX, con los camareros disfrazados de bandoleros y, lo más significativo, un portero a modo de reclamo en la puerta vestido de Luis Candelas, trabuco incluido. Sin duda, de lo más fotografiado de la ciudad.

Cómo consentir un bandolero en Madrid, aunque sea de atrezzo. No vaya a cundir el ejemplo. Ya se sabe que estos bandidos robaban a los ricos para repartirlo entre los más necesitados, justo lo contrario que hacen los ladrones que gobiernan la ciudad y el país.

Robar a un mendigo

DM PRANKS ha realizado lo que llaman un experimento sociológico. Un hombre disfrazado de mendigo duerme tirado en el suelo junto a un cartón en el que puede leerse: ¡Ayúdenme. Tengo hambre! También se dejan a modo de señuelo varias monedas y un billete de 100€, supuesto fruto de su mendicidad. Y a ver qué pasa. A ver quién es capaz de robar a un mendigo.

Tras dos horas y cuarenta minutos, habiendo pasado junto al mendigo 54 personas, sólo un niñato es capaz de robar al mendigo el billete de 100€. El resto pasa indiferente o deja una limosna, incluso una chica le advierte del billete para que lo guarde.

Si el experimento se realizase en Madrid, ya podía darse por jodido el indigente. La alcaldesa le quitaría los 100€ y le reclamaría otros 600€ más.

Parece que salvo políticos y algún otro desalmado, nadie es capaz de robar a un mendigo. La cosa cambia cuando de lo que se trata es de ayudarle.

Otro experimento consiste en comprobar cómo reaccionamos si vemos caerse a un mendigo o a un ejecutivo. En este caso las apariencias son decisivas, la solidaridad es para con el ejecutivo y el desprecio más absoluto para el mendigo, salvo honrosas excepciones. No nos damos cuenta que los que pueden convertirnos en quienes despreciamos, son aquellos a los que ayudamos.

William Kamkwamba, el chico de los molinos de viento

William Kamkwamba es de Malawi, uno de los países más pobres del mundo. Por el año 2001  era un muchacho de 14 años perteneciente a una humilde familia de agricultores que compatibilizaba sus estudios en la escuela de la aldea por las mañanas y el trabajo en el campo por las tardes.

Ese año se produjo en Malawi una trágica hambruna, tan habitual en el Continente africano. El joven William tuvo que dejar la escuela al no poder pagar sus padres los 80 dólares que costaba la matrícula. Pero el afán del joven por el estudio era tal, a pesar del hambre y el agotamiento, que asistía a la biblioteca de la escuela para, de forma autodidacta, seguir adquiriendo conocimientos. Un día se encontró con un libro de texto en inglés titulado ‘Usando la Energía’.

Sin apenas conocimientos de inglés pero relacionando los dibujos con las palabras, supo lo que eran los molinos de viento, para qué servían y como se construían. Conoció que con molinos de viento se podía generar electricidad -sólo el 2% de los habitantes de Malawi la disfrutan- y bombear agua del pozo hacía las huertas, en vez de agotarse transportándola a mano durante dos horas.

Decidió construir uno. Un adolescente hambriento, sin alfabetización, que vive en un país corrupto azotado por la sequía, el hambre, la pobreza y la enfermedad, decide construir un molino de viento con materiales de desecho encontrados en un vertedero y una chatarrería: el ventilador de un viejo tractor, los restos de una bicicleta, tuberías de plástico viejas, etc.

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Moving Windmills - The William Kamkwamba Story 3


En pocas semanas terminó de construir su primer y algo estrafalario molino de viento, capaz de iluminar 4 bombillas. Las risas de sus vecinos se convirtieron en admiración. De loco a héroe. Hoy la aldea ha prosperado gracias a los molinos de viento construídos por William Kamkwamba. Él ha podido seguir sus estudios y viajar por el mundo contando su historia, gracias a que su extraordinario logro fue conocido por un periodista que lo dio a conocer.

Fuente