Emborracharse y pegar a la mujer, bien; matarla, mal.

El párroco de Canena (Jaén) afirmó el pasado domingo en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, durante su homilía en misa de Primera Comunión:

«En la actualidad hay más crímenes, hay más violencia, hay más droga, hay más asesinatos, hay más violencia de género, hay más de todo y cosas así».

«Hace 30 años había mucha más incultura, a lo mejor. Y a lo mejor un hombre se emborrachaba y llegaba a su casa y le pegaba a la mujer, pero no la mataba como hoy, ¿eh? Hoy es que la mata, o él a ella o ella a él».

«¿Por qué?». «Porque antes había un sentido moral y hoy no lo hay; antes había unos principios cristianos y antes había unos valores y antes existían los mandamientos», de modo que «una persona tenía una formación cristiana y, aunque se emborrachaba, sabía que había un quinto mandamiento que decía no matarás».

«Hoy, como no se sabe nadie ni qué son los mandamientos ni hay frontera entre el bien y el mal, pues cada uno hace de su capa un sayo» y, por mucha carrera que uno tiene, por muchos estudios que uno tenga, la moral está peor».

A su juicio, se debe a que «Cristo ha desaparecido de nuestra sociedad» y «si Jesús desaparece de nuestra sociedad esto será la selva«.

Parábola del hombre pobre y hombre rico

Circula desde hace tiempo por Internet una moñada con mensaje: La parábola del hombre rico y hombre pobre. Dice así:

Una vez un hombre rico le entregó una canasta con basura a un hombre pobre. Éste sonrió y corrió con la canasta, la vació, la lavó, la llenó de flores y se la devolvió. El hombre rico, asombrado, le preguntó: ¿Por qué me has dado flores si yo te di basura?

El hombre pobre respondió: porque cada uno da lo que tiene en el corazón.

Hasta aquí lo repetido hasta la saciedad, pero la parábola continúa.

El hombre rico repitió el proceso al día siguiente, y se volvió a llevar una canasta llena de flores. Cada día iba al vertedero y llenaba varias cestas con mierda que le entregaba al hombre pobre, quién a su vez se las devolvía limpias y floridas. El hombre rico las vendía en el mercado y se hacía más rico, mientras el hombre pobre, y gilipollas, tenía que ir cada vez más lejos a buscar las flores, lo que le restaba tiempo para pedir limosna y poder comer.

Consciente, el hombre rico le proporcionaba de vez en cuando un cuscurro de pan para no perder esa mina de oro que somos los hombres pobres.

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Ilustración de Joseba Morales. Fuente

Lágrimas de vergüenza

Reproduzco tal cual el artículo publicado en saludadiario.es por el Doctor Maximiliano Diego, cardiólogo y miembro de la Asociación para la Sanidad Pública de Salamanca.

Lágrimas de vergüenza.

Soy médico; cardiólogo, de esos que ponen muelles a los pacientes cuando sufren un infarto. Nuestro trabajo me encanta, pero recientemente salí del hospital un poco más triste que antes.

Un paciente que ya habíamos atendido previamente ingresó de nuevo con un segundo infarto y, al mirar sus arterias, encontramos que el stent, el muelle, implantado unos meses antes, se había trombosado, provocando un segundo infarto mucho más grave que el primero.

Mientras intentábamos reparar de nuevo su arteria enferma, nos aseguró que seguía tomando sus pastillas, pero la relación entre la trombosis de prótesis endovasculares y el abandono del tratamiento es tan alta que, ante nuestra insistencia, terminó por reconocer que lo había dejado dos meses atrás. La situación es muy sencilla: no tiene trabajo, cobra exclusivamente los cuatrocientos euros de la ayuda extraordinaria para desempleados y el tratamiento le costaba más de cien euros mensuales. Tiene mujer, sin empleo, y un hijo pequeño.

«O comemos, o tomo las pastillas».

Allí mismo, este hombre se puso a llorar. Lágrimas silenciosas, sin aspavientos. Lloraba de miedo ante la proximidad de la muerte o de algo peor; pero, sobre todo, lloraba de vergüenza, de tener que mentir a su médico porque no se atreve a reconocer que no tiene suficiente para pagar el tratamiento que éste le receta.

Durante el último año, hemos visto esta misma situación en repetidas ocasiones. En demasiadas, creo. Nunca antes, en muchos años de ejercicio profesional, nos habíamos encontrado con algo así. Además, si todo se redujera al dinero, el gasto sanitario que supone una trombosis de stent supera en muchas, muchas veces el gasto farmacéutico del tratamiento complementario.

No es él quien tiene que llorar de vergüenza. No lo es.

Cita extraída de saludadiario

Perros culpables, contentos y torpes

Perros culpables. Algo han hecho mal y lo saben.

Perros contentos. Cuando algo o alguien les produce felicidad, lo expresan sobradamente.

Lo siento

Lo siento, es todo lo que puede decir Ángel Martín en otro vídeo de solocomedia.

Un café vs recibo de la luz

Así nos cobrarían un café en un bar aplicando los mismos parámetros que con el recibo de la luz.

Fernando Alonso vende su coche

Fernando Alonso vende su coche. Un Ferrari -rojo, por supuesto-, bien cuidado y en buen estado, aunque suena raro y no anda demasiado.