
Los canis se quedan. Gracias, Rajoy.

Los canis se quedan. Gracias, Rajoy.
En Westfalen (Alemania), un hombre realiza una compra en un supermercado y la paga con un billete de 30 euros. La cajera le devolvió el cambio correspondiente.
Hay que ser estúpido, o un cachondo, para falsificar billetes inexistentes, y atrevido para usarlos. Y muy despistad@ para aceptarlos. Aunque en descargo de la cajera del establecimiento hay que decir que, salvo por la cantidad, la falsificación del billete de 20 era muy buena; luego las prisas y que se trata de Alemania, donde es insólito este tipo de picaresca, explica que colara.
En España, si pagas con un billete de 30 euros, te dan el cambio en billetes de 3 y 8 euros.
Una mujer es acosada sexualmente por un delfín. Efectivamente se confirma que son personas no humanas.
¿Cómo criar un gato? Fácil. Ni jeringuillas, ni biberones. Dándole el pecho.
Humor, magia y streeptis. ¿Dónde está el pañuelo?

Curiosa relación entre un gato y un perezoso.
Tras someterle a duras pruebas, descontento con el resultado, mata a su perro de un disparo.
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Delicioso suicidio en grupo es el título de la excelente y recomendable novela del finlandés Arto Paasilinna.
Miles de finlandeses se suicidan cada año, y la razón nos la da el autor al principio del libro: «El enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin. La melancolía flota sobre el desgraciado pueblo y durante miles de años lo ha mantenido bajo su yugo con tal fuerza, que el alma de éste ha terminado por volverse tenebrosa y grave. Tal es el peso de la congoja, que muchos finlandeses ven la muerte como única salida a su angustia.»

En esta premisa se basa el argumento de la obra: dos suicidas, un empresario arruinado y un coronel viudo y retirado, coinciden en el mismo lugar para quitarse la vida. Tras este intento frustado, entablan amistad y deciden fundar una asociación de suicidas. Entre cientos de aspirantes, reclutan a una trintena y a bordo de un autobús de lujo, recorren Europa en busca del mejor lugar en el que llevar a cabo un suicidio en grupo.
Escrita en 1990, la novela es amena de leer, original en su planteamiento y divertida en su desarrollo. Me ha llamado mucho la atención la radiografía que de Finlandia hace el autor, muy alejada de la percepción que, desde la distancia y el desconocimiento, muchos tenemos. Más parece la descripción de España que del país nórdico.
Cita del libro:
Llegaron a la conclusión de que la sociedad finlandesa era fría y dura como el acero y sus miembros eran envidiosos y crueles los unos con los otros. El afán de lucro era la norma y todos trataban de atesorar dinero desesperadamente. Los finlandeses tenían muy mala leche y eran siniestros. Si se reían, era para regocijarse de los males ajenos. El país rebosaba de traidores, fulleros, mentirosos. Los ricos oprimían a los pobres, cobrándoles alquileres exorbitantes y extorsionándolos para hacerles pagar intereses altísimos. Los menos favorecidos, por su parte, se comportaban como vándalos escandalosos, y no se preocupaban de educar a sus hijos: eran la plaga del país, que se dedicaban a pintarrajear casas, cosas, trenes y coches. Rompían los cristales de las ventanas, vomitaban en los ascensores e incluso hacían sus necesidades en ellos. Los burócratas, mientras tanto, competían entre sí por ver cuál de ellos inventaba un nuevo formulario con el que humillar a los ciudadanos haciéndolos correr de una ventanilla a otra. Comerciantes y mayoristas se dedicaban a desplumar a la clientela y a arrancarles de los bolsillos hasta el último céntimo. Los especuladores inmobiliarios hacían las casas más caras del mundo… [continúa]