Ayer, no más de 200 personas se concentraron en la madrileña Puerta del Sol para protestar con gritos, pitos y cacerolas por la instalación definitiva de Eurovegas en Alcorcón. Una protesta llevada a cabo por un reducido grupo de perroflautas antisistema vigilados de cerca por un contingente policial prácticamente igual en número al de los manifestantes.

Lo que en principio puede parecer un desproporcionado despliegue policial, se demostró adecuado por la violencia con la que los inconformistas pueden llegar a actuar. Del pito y la cacerola, a intentar asaltar la sede del Gobierno Regional hay sólo un paso. Así sucedió cuando una peligrosa anciana de 83 años intentó una brutal agresión a un policía. Suerte que las fuerzas antidisturbios están compuestas por fornidos agentes bien protegidos y armados, si no, hoy estaríamos lamentando la pérdida de un agente del orden.

No sé dónde iríamos a parar sino fuera por la protección que siempre nos brindan los hombres de Paco desde que éste nos abandonó: sus hombres abajo y Paco desde arriba.
